sábado, 21 de julio de 2012

EL USO RESPONSABLE DE MEDICAMENTOS


Uno de los sectores en los que se incide con mayor frecuencia a la hora de llevar a cabo acciones de Educación para la Salud es en el relacionado con el uso racional de los medicamentos.

Lo primero que hay que decir al respecto, a modo de introducción,  es lo siguiente:
Cada paciente ha de consultar previamente con su médico de cabecera el uso de un medicamento, de modo que sea una garantía para su salud y sea adecuado para el tratamiento de la dolencia.
Es aconsejable la lectura del prospecto y consultar la fecha de caducidad.
Es importante almacenarlo de modo apropiado dependiendo de la naturaleza del fármaco.
Debe llevarse a un punto de reciclaje cuando haya pasado su fecha de caducidad o haya concluido el tratamiento.

Otras recomendaciones
Es aconsejable, en tratamientos de múltiple medicación, hacerse con una plantilla de modo que en ella se anote la dosis, la frecuencia, y se lleve un seguimiento sobre si efectivamente se ha ingerido el medicamento. En caso de tener duda de si se ha tomado o no, es preferible esperar a la siguiente toma, para evitar ingerir una dosis doble. No se recomienda guardar pomadas junto a útiles de belleza ya que pueden confundirse y causar consecuencias inesperadas.

El medicamento hay que conservarlo siempre en su envase original y con su prospecto, para consultar cualquier duda. Cuando se acuda a los distintos profesionales de salud, hay que llevar la lista de medicamentos prescrito para el tratamiento de modo que la persona que va a tratar al paciente sepa de su medicación y actúe en consecuencia a favor de su salud. Hay consultar cualquier duda con el médico o el farmacéutico antes de tomar la decisión de cambiar un fármaco o algún elemento de su tratamiento.

La conservación del medicamento
Con respecto a la conservación del medicamento, debemos tener en cuenta las siguientes cuestiones:
-       El 30% de las intoxicaciones infantiles se producen a causa de los medicamentos, que atraen a los niños por su particular envasado.
-       En las casas en las que hay niños se recomienda que el botiquín esté cerrado con llave y guardar allí todos los medicamentos que puedan suponer un riesgo alto para los niños si por accidente los ingirieran.
Según las estadísticas, la mayoría de las intoxicaciones son accidentales, excepto en el caso de los adolescentes, en las que aparece también como causa el intento de suicidio.
A veces las intoxicaciones se producen por una mala dosificación en determinadas sintomatologías y frente a ciertos medicamentos con componentes que pueden dañar la salud del paciente si no se administran adecuadamente.

El almacenamiento
No es recomendable seguir la extendida costumbre de ubicar el botiquín en el cuarto de baño ya que es el lugar más húmedo de la casa y uno de los más calientes y los medicamentos necesitan de un ambiente seco y fresco.
Otro lugar de la casa que alcanza altas temperaturas es la cocina, donde también se desaconseja ubicar el botiquín, ya que las subidas y bajadas de temperatura pueden afectar a los componentes del medicamento. En general, una temperatura inadecuada, el ambiente húmedo y luz inadecuada puede provocar que los activos del medicamento se queden sin efecto o incentivarlos hasta volverlos tóxicos.

Las condiciones ideales de almacenamiento son las siguientes:
-       Lugar con temperatura no superior a 22ºC ni inferior a 15ºC.
-       Humedad menor del 85%.
-       No exposición directa a la luz solar.
En todo caso, los medicamentos tienen que estar fuera del alcance de los niños; respetar al máximo las condiciones originales del envase, -por ejemplo, mantener el algodón en aquellos que lo tuvieran para evitar la humedad dentro del frasco-; no consumir aquellos medicamentos que tengan un aspecto anormal, esto es, que estén más blandos o más duros de lo normal, o con el color diferente; consultar con el farmacéutico el lugar adecuado para mantener el medicamento adquirido.

En caso de viaje, es imprescindible llevar una lista con los medicamentos que se están consumiendo y el teléfono del médico de cabecera y el farmacéutico; es importante llevarlos en el bolso de mano de modo que se corra menos riesgo de perderlos; hay que tener cuidado de no dejarlos en el coche, donde la temperatura puede subir si está expuesto al sol.

La automedicación
La automedicación se define como el consumo de medicamentos sin la intervención de los profesionales de la salud. Se calcula que entre el 10 y el 30 % de la población se automedica, y de ese porcentaje, el 70% suele ser víctima de reacciones no deseadas. Es un mal hábito frecuente ir directamente a la farmacia y, sin consultar con el profesional, adquirir un medicamento que algún conocido nos ha aconsejado para combatir una determinada sintomatología.

En el caso de embarazo, es absolutamente desaconsejable la automedicación, ya que hay fármacos que son fácilmente absorbibles por la placenta, y pueden provocar graves daños al feto. Cuando por cuenta propia se decide tomar un medicamento, hay que pedir consejo al médico, o leer atentamente en el prospecto si está contraindicado en caso de embarazo.

La automedicación puede llegar a provocar sintomatologías propias de la alergia: dolor de cabeza, somnolencias, náuseas, diarreas, urticarias… En el caso de los antibióticos, la gravedad consiste en que se fortalecen las cepas víricas.
Los medicamentos que se utilizan en estos casos son los sobrantes de tratamientos anteriores, medicamentos que no necesitan receta; medicamentos que necesitan receta y se obtienen sin ella; medicamentos alternativos (hierbas, productos naturales, etc…)

En el caso de que el paciente esté tomando además otros medicamentos asociados con un tratamiento, es aconsejable que se haga una consulta previa al médico de cabecera o al farmacéutico sobre la compatibilidad de los fármacos.