lunes, 16 de abril de 2012

EL DESPILFARRO DE ALIMENTOS


La palabra «despilfarro» suena realmente mal, y suena todavía peor y es más grave cuando se trata de los alimentos.

En un estudio reciente publicado por la FAO se dice que son 1300 millones de toneladas de alimentos las que se pierden y desperdician al año. Y en la Unión Europea, 179 kilogramos año/ciudadano, con una previsión de crecimiento del 40% para el 2020.

El despilfarro de alimentos se produce en todos los eslabones de la cadena alimentaria: en el campo, en las industrias de transformación, en las distribuidoras y en las casas de los propios consumidores. Las causas de este despilfarro no son siempre las mismas, se modifican según el tipo de producto, según la producción, el almacenamiento, el transporte, el envasado y, por último, los malos hábitos o la falta de concienciación de los consumidores.

El fomento de la cultura contra el despilfarro de los alimentos es una cuestión fundamental que debe empezar en la escuela, en el seno de las familias; debe existir una responsabilidad social de los individuos para saber que lo que nosotros no comemos, lo que nosotros despilfarramos, es proporcional a aquella necesidad que debemos plantear con respecto a tantas personas, muy cercanas a nosotros, en nuestro entorno, que en estos momentos están viviendo una situación crítica respecto a su alimentación.

Una actuación inmediata
Esta grave situación no admite demoras ni pérdida de tiempo con estudios y planteamientos teóricos. No es tiempo  de hacer un trabajo de investigación para decir que hay muchas personas en Canarias que necesitan alimentos. La necesidad está ahí y hay que actuar de inmediato. Es necesaria una colaboración entre la sociedad civil, la realidad social y los políticos para lograr una actuación inmediata, clara y eficaz para intentar mitigar este problema y evitar que se nos caiga la cara de vergüenza.

Es el momento de hacer campañas de sensibilización. Tenemos que trabajar en todos los frentes. Hay mucho trabajo que hacer, mucho que ahorrar y no despilfarrar. Contando con todos los actores de la cadena alimentaria, consumidores, productores, distribución y venta, la Administración y los bancos de alimentos, podremos evitar gran parte del despilfarro diario de alimentos en todos los eslabones de la cadena alimentaria.

Una nueva situación
Estamos desperdiciando, porque hemos entrado de una manera precipitada en una nueva situación que no nos ha permitido una adaptación del comportamiento individual y social hacia un elemento básico como son los alimentos. Esta crisis brutal, no solo económica sino principalmente de valores, debe servir para pararnos, evaluar y actuar.

Estamos ante una cruda realidad, esa realidad callada e invisible que desde hace muchísimos años estaba presente y de la que quizás no éramos tan conscientes porque, o estaban muy lejos los afectados por el problema de carencia de alimentos, o los que teníamos cerca no eran noticia en la apertura de los informativos.

Hoy la situación y los datos nos dicen que nuestros invisibles, los invisibles de nuestras ciudades y nuestros pueblos, los que se acercan hoy al Banco de Alimentos de Las Palmas, son muchos más. Quizás estemos empezando un nuevo tiempo al pensar que el despilfarro tiene que parar, máxime teniendo en cuenta que en la Unión Europea, de acuerdo con las cifras publicadas por la FAO, viven alrededor de 80 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza, y de ellos 16 millones reciben ayuda alimentaria a través de distintos organismos.

En España se está repartiendo alimentos a más de 1 800 000 personas, personas que  tienen que acudir a los bancos de alimentos o a otras organizaciones para pedir ayuda, para pedir comida. Y es que también tienen derecho a comer las personas que en estos momentos se encuentran en situación de paro como consecuencia de la crisis económica. De ahí que sea necesario sensibilizar e informar a la opinión pública de las causas y consecuencias del desperdicio de alimentos y de los medios para reducirlo.

domingo, 8 de abril de 2012

EL ENVEJECIMIENTO Y LA SALUD


La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elegido este año, para celebrar el Día Mundial de la Salud, el lema: "La buena salud añade vida a los años".

Con este lema, se trata de mostrar cómo gozar de buena salud durante toda la vida puede ayudarnos en la vejez a tener una vida plena y productiva, y a desempeñar un papel activo en nuestras familias y en la sociedad. El envejecimiento nos afecta a todos, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, ricos o pobres, con independencia de dónde vivamos.

El mundo está envejeciendo
Esto lo demuestra el hecho, por ejemplo, de que en la actualidad, el número de personas mayores de 60 años es dos veces superior al que había en 1980, o que en el año 2050, habrá casi 395 millones de personas de 80 años, es decir cuatro veces más que ahora.
En los próximos cinco años, por primera vez en la historia de la humanidad, el número de personas mayores de 65 años será superior al de niños menores de cinco años.

La OMS recomienda que se adopte un estilo de vida saludable a lo largo de todo el ciclo vital, con el fin de preservar la vida, mantenerse sano y paliar la discapacidad y el dolor en la vejez. Los entornos adaptados a las necesidades de las personas mayores, la prevención, la detección precoz y el tratamiento de enfermedades mejoran el bienestar de los mayores. Si no se adoptan medidas, el envejecimiento de la población dificultará la consecución de los objetivos de desarrollo socioeconómico y humano.

La actitud de la sociedad
En términos generales, todos apreciamos y respetamos a la gente mayor que queremos o conocemos bien, pero no siempre esa actitud es la misma frente a las demás personas mayores. Muchas sociedades tradicionales respetan a las personas de edad avanzada, a quienes consideran “sus mayores”, pero en otras sociedades no siempre se les respeta de la misma manera, e incluso se les margina.

Esa marginación puede ser estructural, como por ejemplo cuando se aplica una edad de jubilación obligatoria, o informal, al considerar que las personas mayores son menos dinámicas y tienen menos valor para un posible empleador. Esas actitudes son ejemplos de discriminación por razones de edad.

Quienes adoptan esas actitudes consideran que las personas mayores son frágiles, caducas, incapaces de trabajar, físicamente débiles y lentas intelectualmente, discapacitadas o inútiles. La discriminación por razones de edad divide a la sociedad entre jóvenes y viejos.

Esos estereotipos pueden impedir que los hombres y las mujeres mayores participen plenamente en actividades sociales, políticas, económicas, culturales, espirituales, cívicas y de otro tipo. Los más jóvenes también pueden, con su actitud, limitar la participación de las personas mayores, o incluso erigir barreras para excluirlos.

Si cambiamos nuestra actitud hacia las personas mayores y luchamos contra los estereotipos, podremos salir de ese círculo vicioso

En la campaña del Día Mundial de la Salud de este año, la OMS desea ir más allá de la labor de sensibilización para promover acciones concretas y un cambio positivo. Esta campaña tiene como objetivo conseguir la participación de toda la sociedad con el fin de: adoptar medidas destinadas a crear una sociedad que reconozca el valor de las personas mayores y su aportación, y les permita participar plenamente; y contribuir a proteger y mejorar la salud de la población a medida que envejece