sábado, 24 de marzo de 2012

LA DIETA MEDITERRÁNEA


Cuando los estudios demostraron que España, Italia, Francia, Grecia y Portugal tenían un menor porcentaje de infarto de miocardio y una menor tasa de mortalidad por cáncer, se empezó a hablar de la dieta mediterránea como un factor a tener en cuenta en la prevención de estas enfermedades.

La dieta era en base a pasta y arroz, verduras, legumbres, abundante fruta, aceite de oliva, poca carne y mucho pescado, pan integral, y todo sazonado con algunas especias como el ajo, el orégano, algo de pimienta y pequeñas cantidades de buen vino.

Aceite de oliva

En 1986, tras 15 años de trabajo llamado “Estudio de los 7 países”, se comprobó que la presencia de ácidos grasos insaturados en la dieta, disminuye el riesgo de padecer obstrucciones en las arterias del corazón. Se comprobó también la relación directa entre los niveles de colesterol en sangre y la incidencia de infarto de miocardio, y entre la cantidad de grasas saturadas y los niveles de colesterol.

El aceite de oliva virgen, ampliamente utilizado en la dieta mediterránea, tiene un 80 % de ácido oleico (monoinsaturado) y solo un 14 % de ácidos grasos saturados. Los ácidos grasos monoinsaturados hacen aumentar la proporción entre el colesterol HDL y el LDL. El colesterol HDL tiene un marcado efecto protector frente a la acumulación de placas de ateroma en las paredes de las arterias.

Los aceites de semillas (soja, girasol, etc.) tienen grandes cantidades de ácidos grasos poliinsaturados y pocos monoinsaturados. Aunque hacen descender el colesterol total en sangre, no aumentan la proporción de colesterol HDL frente al LDL, y no tienen por tanto el mismo efecto protector frente a las enfermedades cardiovasculares, que el aceite de oliva.

Pescados

Otra característica significativa de la dieta mediterránea es el reducido consumo de carnes en comparación con el de pescados. Es alto el contenido de ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3 de los pescados. Estos ácidos grasos son un componente fundamental de los fosfolípidos de las membranas celulares y un factor decisivo en su capacidad de llevar a cabo intercambios químicos.

Frutas, legumbres, verduras, pastas y cereales integrales

Es alto el consumo de pastas "al dente" y cereales integrales en la dieta mediterránea. Estos carbohidratos tienen un índice glucémico muy bajo. El índice glucémico refleja la relación entre la subida de glucosa en sangre producida por un hidrato de carbono cualquiera en comparación con la que produciría un aporte de las mismas calorías en forma de glucosa pura o pan blanco refinado. Es preferible que la glucosa se vaya liberando paulatinamente en la corriente sanguínea para conseguir una adecuada captación en las células y evitar así la formación de grasas, la acidosis y otros trastornos.

Los alimentos más recomendables por tener un índice glucémico menor son las legumbres, hortalizas, pasta italiana (al dente) y frutas, que son justamente los más abundantes en la dieta mediterránea.

El arte de cocinar

El uso de las especias y de los métodos de preparación más adecuados realza el sabor y las propiedades organolépticas (sabor, color, olor, textura) de los alimentos, lo que favorece tanto su degustación como su digestión.


miércoles, 7 de marzo de 2012

EDUCAR EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN



La proliferación de tecnologías de la comunicación, la comercialización y globalización de los mercados de comunicación, la fragmentación de las audiencias y el aumento de la interactividad están transformando nuestras relaciones diarias con los medios. Los medios digitales -especialmente Internet- han aumentado de manera considerable la participación activa.

El desarrollo de la comunicación moderna da lugar a un entorno más heterogéneo, donde las fronteras entre la comunicación de masas y la comunicación interpersonal y entre los productores y los consumidores cada vez son menos claras. Los medios ya no se pueden considerar "industrias de la conciencia" que imponen falsas ideologías o valores culturales a una audiencia pasiva.

Muchas de estas transformaciones están relacionadas con los niños y los jóvenes  Los jóvenes  se encuentran entre los mercados más importantes de muchas de estas tecnologías y formas culturales. Hasta los niños más pequeños forman parte de un grupo de consumo cada vez más fuerte. Este hecho tiene importantes implicaciones.

Un fácil acceso

Hoy en día, los jóvenes tienen acceso a los medios para adultos -a través de la televisión por cable, el video o Internet- de una forma mucho más fácil que sus padres. Como consecuencia, ha aumentado la necesidad de buscar urgentemente nuevos medios de control.

De otro lado, la gente joven también dispone de sus "ámbitos de comunicación", que los adultos cada vez encuentran más difíciles de entender. La idea del niño vulnerable y que necesita protección frente a los peligros de los medios de comunicación -una noción en la que se suele basar la educación en medios- deja paso, cada vez  más a la idea del niño como "consumidor autónomo".

Un importante contraste

Actualmente, hay un contraste extraordinario entre los altos niveles de actividad que caracterizan las culturas de consumo de los niños y la pasividad que invade, cada vez más, su educación. Los profesores siempre se han quejado de la limitada capacidad de atención de los niños, a pesar de que los niveles de concentración intensa y de energía que caracterizan los juegos de niños.

La cultura en medios de comunicación de los niños se está convirtiendo en un ámbito en el que los valores autoritarios de seriedad y conformismo se están debilitando. En este contexto, no es de extrañar que los niños no identifiquen la escuela con sus identidades y preocupaciones.

El lugar de la educación en medios

La educación en medios puede considerarse una parte del proyecto curricular. Se basa en el cultivo del pensamiento racional y en la posibilidad de la comunicación pública bien regulada. Los educadores que quieran formar en medios de comunicación, deberán tener en cuenta que el objetivo es lograr ciudadanos formados y responsables, que podrán adoptar una posición distanciada hacia los placeres inmediatos de los medios de comunicación.

Su objetivo deberá ser crear "consumidores críticos". Los intentos de imponer una autoridad cultural, moral o política en los medios de comunicación con los que los niños interaccionan diariamente no se toman en serio. Si, como en la mayoría de los casos, se basan en el menosprecio paternalista por los gustos de los niños, es evidente que se han de rechazar.

La educación en medios no ha de ser una cruzada para rescatar a los niños de estos medios. Los enfoques proteccionistas de la educación en medios se consideran cada vez más redundantes o contraproducentes. Es evidente que los profesores más jóvenes de hoy en día, que han crecido con los medios electrónicos, tienen una actitud mucho más natural y se muestran más entusiastas con la idea que los jóvenes utilicen los medios como forma de expresión cultural.

La experiencia de los jóvenes

Debemos tener en cuenta que la experiencia de los jóvenes que crecen en un entorno multimedia contemporáneo es bastante diferente de la experiencia de la mayoría de los profesores. Este hecho complica, inevitablemente, la tarea de los educadores en medios ya que pone límites a todo lo que podemos saber y la importancia de nuestra enseñanza. En lugar de lo accesible de las emisiones televisivas, actualmente los jóvenes se encuentran con muchas opciones de medios de comunicación, muchas de las cuales nos pueden parecer inaccesibles o quizás incomprensibles.

Todo esto no solo implica que los profesores que quieran abordar la educación en medios tengan que adaptarse a las experiencias cambiantes de sus alumnos con los medios, sino que además, han de aceptar que estas experiencias pueden ser muy diferentes de las suyas y que puede tener implicaciones teóricas más amplias. La razón no es solamente que los medios son diferentes, sino que la manera como los jóvenes se relacionan también han cambiado de manera sustancial.