sábado, 17 de diciembre de 2011

LA SALUD BUCODENTAL


Las afecciones bucales, fundamentalmente, la caries, las enfermedades periodontales y la fluorosis, constituyen uno de los principales problemas de salud bucodental.

De estos procesos, el más prevalente es la caries dental. En nuestro país, el porcentaje de caries a los 6 años en dentición temporal es del 33,4%; y de un 43,3% en la dentición permanente a los 12 años.

Los factores de riesgo

Existen distintos factores de riesgo para las caries

Factores nutricionales:
-       Infecciones graves o déficit nutricional importante en el tercer trimestre de gestación.
-       Ingesta de tetraciclinas por la madre.
-       Prematuridad.
-       Chupetes o tetinas endulzados.
-       Biberón endulzado para dormir.
-       Consumo de bebidas con azúcares ocultos (bebidas carbónicas, zumos,...).
-       Consumo de jarabes endulzados.
-       Insuficiente aporte de flúor, calcio y fosfatos

Factores relacionados con la higiene dental:
-       Malformaciones orofaciales.
-       Uso de aparatos: ortodoncia y prótesis.
-       Mala higiene oral de los padres y hermanos.
-       Incorrecta eliminación de la placa dental.
-       Minusvalías psíquicas importantes.
-       Respiradores orales habituales

La importancia del cepillado

Al objeto de mantener una adecuada salud bucodental, es conveniente explicar a los niños y a los padres la técnica del cepillado. Es más importante la minuciosidad que el tipo de técnica empleada. Es muy aconsejable adquirir la rutina de un cepillado sistemático o en circuito. Se debe recomendar un cepillo de cabeza pequeña, cerdas sintéticas y puntas redondeadas.

El cepillado debe comenzar con un barrido siguiendo el eje del diente, empezando por la encía y sin desplazamientos horizontales, tanto en la cara exterior como en la cara interior. Posteriormente se realiza un movimiento a modo de remolino sobre la cara oclusal, de atrás hacia delante, limpiando posteriormente con suavidad la lengua. Debe enjuagarse varias veces.

Hasta ahora, no se tiene conocimiento de ningún efecto adverso para la salud que esté directamente relacionado al uso del cepillo dental, aunque las personas con desórdenes sanguíneos (hemorragias) y quienes tienen un sistema inmunológico inadecuado pueden sufrir lesiones a causa del cepillado dental y necesiten buscar métodos alternativos de higiene oral. La boca es el hogar de millones de gérmenes. Al remover la placa y la suciedad del diente, los cepillos dentales se contaminan con bacterias, sangre, saliva, detritos bucales y pasta dental.

Recomendaciones a tener en cuenta

No comparta los cepillos dentales. El intercambio de fluidos corporales que esto promovería, aumenta el riesgo de contraer infecciones para quienes los compartan. Esta es una consideración particularmente importante para las personas con sistemas inmunes comprometidos o con enfermedades infecciosas.

Después del cepillado, enjuague su cepillo dental cuidadosamente con agua corriente para asegurarse de remover la pasta dental y los detritos, déjelo secar al aire libre, y guárdelo en posición vertical con las cerdas hacia arriba. Si varios cepillos comparten el mismo cepillero, no permita que haya contacto entre ellos.

No es necesario remojar los cepillos dentales en soluciones desinfectantes o enjuagues bucales. En realidad, esta práctica puede provocar la contaminación entre cepillos si la solución se utiliza durante un periodo largo o si varios usuarios la comparten.

Tampoco es necesario utilizar lava-vajillas, dispositivos de microondas o rayos ultravioleta para desinfectar los cepillos dentales. Estas medidas pueden dañarlos.

No mantenga los cepillos cubiertos ni los guarde en recipientes cerrados. Estas condiciones (un ambiente húmedo) son más propicias para el crecimiento bacteriano que el aire libre.

Reemplace su cepillo dental cada 3-4 meses, o antes si las puntas de las cerdas aparecen gastadas o dobladas.

La decisión de comprar o usar productos para la desinfección del cepillo dental requiere cuidadosa consideración dado que, actualmente, la literatura científica no apoya esta práctica.

Medidas a tomar en las escuelas

Las medidas que se recomiendan para los programas de higiene bucal en las escuelas son las siguientes:
-       Asegurar que cada niño tenga su propio cepillo dental, marcado claramente con su identificación. No permitir que los niños compartan ni pidan prestados los cepillos dentales.
-       Para prevenir la contaminación a través del tubo de la pasta dental, asegurar que se elimine un trocito de pasta sobre un papel encerado siempre antes de aplicarla sobre el cepillo dental.
-       Después de que los niños finalizan el cepillado, asegurarse de que enjuaguen sus cepillos dentales cuidadosamente con agua corriente, los dejen secar al aire libre y los guarden en la posición correcta con las cerdas hacia arriba de modo tal que no entren en contacto con los de otros niños.
-       Suministrar a los niños vasos de plástico o papel para enjuagarse después del cepillado. No permitirles que compartan sus vasos y asegurar que los descarten apropiadamente después de un solo uso.

Medidas dietéticas

Como medidas dietéticas para evitar el deterioro de la salud bucodental se recomiendan las siguientes:
-       Evitar las ingestas frecuentes entre comidas así como la retención de alimentos azucarados en la boca (biberón para dormir y chupa endulzada).
-       Procurar que los carbohidratos sean en forma diluida o acuosa, evitando los azúcares de textura pegajosa o adhesiva.
-       Evitar utilizar caramelos como regalos entre las comidas.
-       Los refrescos azucarados entre las comidas es una fuente no despreciable de azúcares.
-       Los azúcares y bebidas o refrescos azucarados deben ser restringidos en la infancia a las comidas para conseguir una mayor prevención de la caries, evitando sobre todo su ingestión entre las comidas y al acostarse.

martes, 6 de diciembre de 2011

LA EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR



Estamos sumidos en una sociedad de consumo en la que el bombardeo publicitario puede inducir a un consumo innecesario o a adquirir unos hábitos de vida contrarios a la salud. Un ejemplo de estos hábitos no saludables lo tenemos en el campo de la alimentación en la que se ha ido imponiendo un estilo de comida que, en gran medida, está contribuyendo a un alto grado de obesidad.

Está claro que el consumidor no está suficientemente preparado para poder distinguir cuáles son los hábitos saludables a tener en cuenta para evitar así el consumo de determinados alimentos. Pero no sólo es en el campo de la alimentación donde se pone de manifiesto la falta de preparación de los consumidores. Hay otros muchos en los que el consumismo está incidiendo negativamente en determinados estilos de vida.

Todos somos consumidores y convendría aceptar como punto de partida que es perfectamente posible que tengamos hábitos consumistas. Nuestros hijos están literalmente obsesionados con el “marquismo”. Vivimos instalados en una sociedad consumista pero tenemos a nuestra disposición resortes, mecanismos y estrategias para racionalizar el consumo y adaptarlo a la satisfacción de nuestras necesidades.

Una buena estrategia

Una de esas estrategias es la Educación del Consumidor, que tiene como objetivos los siguientes:
-       Permitir al consumidor actuar de una forma discerniente haciendo su elección en base a una información sobre los bienes y servicios disponibles y siendo plenamente consciente de sus derechos y responsabilidades.
-       Desarrollar asimismo una actitud crítica y analítica en relación con el consumo y con su lugar en la sociedad.
-       Concienciar al consumidor de sus responsabilidades como tal en relación con el medio ambiente, con el entorno, con los recursos energéticos y con otros recursos naturales.

En definitiva, se trata de adoptar una actitud crítica ante el consumo y, si es posible, dar la vuelta al calcetín, sustituyendo el consumismo desenfrenado en el que nos hayamos inmersos, por unas actitudes consumeristas (caracterizadas por planteamientos críticos patrones racionales de consumo) que, por paradójico que pudiera parecer, están mucho más cerca, no sólo del dominio personal y del autocontrol, sino de la calidad de vida.

La sustitución del consumismo y despilfarro por la austeridad es una tarea de envergadura que debemos afrontar como un desafío imperioso, porque está en juego, nada menos, que la capacidad de nuestros hijos e hijas para aprender a resistir las provocaciones y las falsas ilusiones con las que el consumismo disfrazado de encantador de serpientes va a intentar envolverlos.

Una autocrítica

Naturalmente, para estar preparados de cara a dialogar con nuestros hijos e hijas, debemos comenzar por reconocer humildemente que el consumismo se inicia en el hogar y que, probablemente, no pocos de sus hábitos sean heredados y los hayan aprendido de nosotros mismos.

Hay que tener en cuenta que la libertad, como capacidad de elegir y de responsabilizarse de las decisiones tomadas, es inseparable de un cierto autocontrol y de una racionalización que permita satisfacer muchas necesidades, sin dejarnos arrastrar por cantos de sirena que pongan gravemente en peligro nuestra realización y autorrealización personal.