viernes, 29 de abril de 2011

LOS SABERES ESTANCADOS

Hay que abrir una serie de interrogantes sobre el conjunto de saberes que el sistema educativo ha seleccionado y legitimado como necesarios e imprescindibles.

Es difícil explicar, ante la realidad social que rodea a los escolares, el porqué las áreas de comunicación se centran en estudiar estructuras y contenidos gramaticales; en las ciencias naturales la observación o la experimentación se convierten frecuentemente en una actividad residual; en las matemáticas, el sentido imaginativo no es el aliado que acompaña a la resolución de problemas, o por qué casi siempre sólo se estudia de las ciencias sociales, la  historia y la geografía.

Responder a la realidad
Se levantan voces denunciando problemáticas de todo tipo: drogas, pobreza, inseguridad ciudadana, destrucción del medio ambiente... La frustración que provoca el ver que no hay medidas que reduzcan drásticamente dichos problemas, hace pensar que para resolverlos hay que empezar por la escuela o por la educación de los niños, sin tener en cuenta que resolver determinadas problemáticas sociales, implica un cambio de políticas o de mentalidad en el mundo de los adultos.

No debemos olvidar que la escuela ha de ser un lugar de conocimiento, reflexión, crítica y conciencia, en el que se recojan las problemáticas sociales. Sin embargo, no debe convertirse en un lugar de impotencia ni en la varita mágica que resuelva los problemas sociales, cuya solución, sin duda, está en manos de las personas adultas y en otras instituciones sociales.

Excesivo academicismo
Existe en la cultura escolar un estancamiento de los contenidos muchas veces  encorsetados por los contenidos curriculares, lo que lleva a que en determinados ambientes escolares hablar, por ejemplo, de derechos humanos, sexualidad, medio ambiente, drogas, consumo inapropiado de determinados programas televisivos, etc,  puede sonar como contenidos que, si bien pueden ser importantes, no son tenidos muy en cuenta a la hora de integrarlos en la labor educativa diaria, limitándose a tratarlos en momentos puntuales. 

Es frecuente incluso que algunos alumnos los tomen como temas sin importancia porque no suenan a examen. Para justificar este hecho, se argumenta en no pocas ocasiones, que estos contenidos no servirán después para el bachillerato, la selectividad, la universidad o para el estudio de una profesión. Muchas profesoras y muchos profesores justifican esta problemática diciendo que no es culpa de ellos que después se les exija al alumnado unos contenidos más “escolares”.

Lo paradójico del caso es que en ámbitos educativos superiores de estudio, con frecuencia no se exigen todo ese conjunto de contenidos que muchas familias, profesorado, o programas escolares dicen que son necesarios. Sí que se exige o se valora sin embargo, saber redactar con expresividad, tener agilidad en buscar información, saber trabajar cooperativamente, amar la lectura o tener conciencia de los problemas del entorno.

Una necesidad no sentida
Las aceleradas transformaciones socioeconómicas están contribuyendo de una forma notable al cambio del tipo de contenidos escolares. No obstante, muchos de los temas que sería necesario que la escuela contemplase como habituales, se van introduciendo de manera marginal. La dualidad entre el estudio de las áreas y la realización de talleres es una constatación de esta división entre lo que verdaderamente es importante a los ojos de la institución escolar y lo que es secundario.

También en este hecho nos encontramos la paradoja de que la organización de estas actividades, donde aparecen nuevos contenidos o temáticas sociales, son consideradas por muchos profesores y profesoras de notable importancia educativa, pero a la hora de la verdad, lo que más se valora y lo que verdaderamente cuenta para evaluar son los contenidos de siempre y no sienten la necesidad de combinarlos con otros.

La importancia de otros contenidos
La situación descrita la propicia el excesivo afán de las autoridades educativas de dar más importancia a los contenidos establecidos de una manera rígida que aquellos contenidos que conforman lo que pudiéramos denominar el “currículo oculto” y que tienen también una gran importancia y en no pocas ocasiones pueden ser el revulsivo para que el alumnado se sienta más cómodo en el aula y pueda conectar mejor a través de ella con el mundo que le rodea.

Un aula escolar no puede convertirse exclusivamente en cuatro paredes que, cual invernadero, se aísla de la realidad que la rodea y de la que los alumnos son partícipes y actores importantes. Pretender defender la verdad objetiva de los conocimientos, sin tener en cuenta que a esa verdad va siempre unido un mundo subjetivo y un mundo social, hace que se convierta en una notable simplificación los aspectos esenciales de la realidad.


EL CONCEPTO DE SALUD

A la hora plantearnos un concepto dinámico de la Salud, podemos elegir el que la define como "El equilibrio de todas las posibilidades físicas, psicológicas y sociales del individuo"

Las definiciones pueden ser catalogadas de utópicas, cuestión ésta que no puede negarse. Sin embargo, cuando la utopía no es una simple evasión, tiene la función de motivar y orientar los cambios en las formas de vida de las personas y las sociedades para hacerlas  cada vez más saludables.

¿Qué supone este concepto de salud?
Supone pasar de una concepción individualista de la salud a una concepción colectiva, que hace tomar conciencia a cada persona de la importancia que tiene velar no sólo por su salud o la de su familia sino también por el medio ambiente, adoptando una actitud preventiva más que asistencial que lleva a cada individuo a  promover y potenciar su salud, a reclamar programas de formación y no sólo programas   de asistencia sanitaria

Supone también actuar comunitariamente puesto que cada individuo es un agente de salud y todos tenemos la obligación de contribuir a potenciarla. La salud no es una cuestión exclusiva de los sanitarios sino de todos y cada uno de los miembros de la sociedad. Cada uno de nosotros debemos procurar desde nuestra parcela cuidar y potenciar nuestra salud, la de nuestra familia y la de nuestra comunidad.

Una dimensión dinámica
Se puede objetar que la idea de una persona disfrutando plenamente de un bienestar físico, psíquico y social puede ser irreal si no se tiene en cuenta que estas dimensiones del bienestar humano no son estáticas, sino que se hallan en permanente evolución. Existe una interesante matización sobre el concepto de salud y el  de enfermedad. Una persona afectada de una determinada dolencia sufre un padecimiento  y unas limitaciones en consonancia con dicha dolencia.

Sin embargo, y especialmente en el caso de algunas dolencias  de carácter crónico, las personas afectadas pueden hallar un equilibrio entre las limitaciones a que se ven sometidas y las posibilidades de desarrollar unas actividades que incluso, en muchos casos, pueden acercarse a la normalidad. Podemos hablar así de personas enfermas desde el punto de vista biológico, y a la vez sanas desde el punto de vista de su adaptación social.

La salud y la enfermedad no deben considerarse pues en términos absolutos sino relativos. Tampoco son fenómenos estáticos sino dinámicos, tanto desde el punto de vista individual como social, ya que se hallan en permanente evolución. Los diferentes estudios que en todas las ciencias se han llevado a cabo acerca de las relaciones entre el individuo y su medio, han dado lugar a nuevos enfoques explicativos de la regulación del bienestar físico y psíquico de las personas.

Un concepto global
La noción actual de salud integra los niveles individual, social y medioambiental. Hoy en día se tienen muy en cuenta los factores de riesgo en relación con las condiciones  socio-ambientales: la higiene, la manipulación de los alimentos, la calidad de los mismos, el tipo de vivienda..., así como otros factores característicos de nuestra sociedad actual: el desempleo, el estrés, la pobreza, la contaminación, el ruido, etc.

El medio socio-ambiental y los cambios que en él se experimentan, son interiorizados por las personas y pueden llegar a configurar algunos aspectos importantes de su estilo de vida, su carácter, sus preferencias, etc. Sin embargo, el medio socio-ambiental no es un factor determinante del desarrollo de las personas. Desde una perspectiva evolutiva e interaccionista se considera que toda persona dispone de sus propios mecanismos  cognitivos y sociales con los que actúa sobre el medio.

Aspectos a considerar
El estado de salud no puede ser absoluto, porque es inseparable del ambiente ecológico y social de la comunidad, el cual es esencialmente variable, principalmente por la actividad del ser  humano el cual es también esencialmente variable. No existe, por la misma razón, un límite neto entre la salud y  la enfermedad, sino grados y expresiones diversas mezcladas.

En el concepto de salud hay, al menos, tres componentes a considerar: Un componente    subjetivo (bienestar); otro objetivo (capacidad para la función); un  tercero de tipo  psicológico, ecológico y social (adaptación biológica, mental y social del individuo)